Redes sociales

"Facebook", "Tuenti", "Twitter", "Myspace" ...

Son palabras que a día de hoy todos entendemos, y que relacionamos con el gran avance tecnológico de estas últimas décadas. Todos sabemos acerca de las redes sociales, las conocemos como si nos hubiésemos criado con ellas y, prácticamente, no vivimos sin ellas. No nos habituamos a estar un día sin pasar por el Twitter, o por el Facebook, a ver si algún amigo ha publicado algo interesante, o simplemente, entrar por entrar, para actualizar uno su "perfil", comunicando a sus 597 "amigos" lo que has hecho en el fin de semana (con fotos incluidas). Obviamente, las redes sociales sirven para facilitar la comunicación en el ámbito social, pero no para depender de ellas. Por supuesto, tiene muchos puntos positivos, pero también otros tantos negativos.

Como principal punto positivo, como no, la facilidad y gratuidad de la comunicación mediante las redes sociales, es muy práctico debido a la inmediatez del mensaje, pues en apenas unos segundos ya está enviado a su destinatario, esté donde esté, y ayuda a las comunicaciones entre personas de diferentes lugares con afinidades en común.
Pero también hay un gran punto negativo, y es que el "perfil" (en el cual figuran tus nombres, con una fotografía y ciertos datos adicionales) puede estar al alcance de muchas personas, quizá demasiadas, y no somos conscientes de la magnitud de ello. En algunas ocasiones, se puede llegar al "ciber-acoso", pues al aceptar a una persona como "amigo", ya tiene total libertad para ver tu "perfil" y eso puede llevar a consecuencias que no lleguemos a controlar.
Además, se encuentra también otro factor nombrado anteriormente, cuando la red social pasa de ser un medio de comunicación a una dependencia, e incluso, obsesión.

Entonces, ¿qué hacemos? ¿A qué precio estos "avances"? ¿A costa de nuestra libertad? Utilicemos los medios con cabeza, y como lo que son, medios para facilitarnos la vida, no para perderla.

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